I´m not sick I don´t need help

La distorsión de la realidad en la mente de las personas con trastornos de personalidad es una de las caraterísticas más difíciles de manejar y sobrellevar por los que le rodean.  Los psiquiatras han elaborado teorías para explicarlo, y tratamientos basados en fármacos que suelen fallar porque las personas se niegan a aceptar que tienen un problema, que las cosas no ocurren como ellos las cuentan o las viven. En este planteamiento curativo subyace la idea de que la mente del paciente tiene recogida en algún sitio la realidad objetiva que los demás hemos percibido y por tanto la consciencia de que lo que él ha contado ha sido una invención, un artificio. Cuando el paciente reniega de esta premisa lo denominan NEGACIÓN. Negación de la realidad, negación de su enfermedad, o de su trastorno.

Pero, según parece, ésto no siempre es así. El psiquiatra Xavier Amador ha investigado ampliamente en lo que se ha denominado ANASOGNOSIA, que básicamente podríamos resumir en deconocimiento de la realidad, desconocimiento de sus déficits.  Significaría que en algunos de los trastornos mentales, esa negación de la realidad tan “obstinada”, se debe  a que realmente esa realidad no se encuentra dentro de la  mente de esas personas. Tienen un problema que les impide ver lo que les ocurre. Las personas con anasognosia pueden, dentro de su mente, estar experimentando su “artificio” mientras que la realidad que los demás percibimos pueden no tenerla recogida.  Xavier Amador es un psiquiatra cubano emigrado a EEUU, cuya investigación ha estado centrada sobre todo en la esquizofrenia. Además de psiquiatra, es un excelente comunicador. Sus ponencias, aunque generalmente están destinadas a auditorios de psiquiatras, son asequibles “para todos los públicos” (en inglés). Incluyo aquí el enlace a la presentación que realizó el pasado año en la 2011 Nordic Psychiatry Academy.

Mas acerca de los borderline

Tomo el siguiente artículo de Raquel Ferrari (http://rferrari.wordpress.com/) :
Es posible que antes de conocer las explicaciones técnicas sobre lo que un trastorno límite de la personalidad es, la pareja o el familiar de un afectado por TLP estuviera bastante confuso acerca de su conducta.-

Si la persona con la que convive se da cuenta de que necesita ayuda y busca un tratamiento se puede ayudarlo/a a encontrar el más apropiado. Pero si culpa por todos los problemas de la relación al otro y contínuamente critica o es física, sexual o emocionalmente abusivo en algún sentido, aún por omisión, la táctica ha de ser distinta.-

En general no surte efecto el señalarle que es posible que sufra de un TLP, ésto suele desencadenar más críticas o incluso alguna conducta autolesionante.

No es posible obligar a a nadie a cambiar su conducta. Es necesario un mínimo de consciencia de enfermedad, vivido sin culpa. El problema es que en la mayoría de los casos la persona afectada por un TLP no es consciente de que sufre un desorden de la personalidad, solo usa los mecanismos que ha utilizado toda la vida.-

Alguien que afirma querer “ayudar” a un TLP generalmente quiere decir que busca cambiarlo. Esto suele no ser viable- las personas solo cambian por sí mismas-.

Quizás sea más útil reflexionar sobre estos ejes:

1) ¿quiero continuar en este estilo de vida’ ¿como me ha afectado?

2) Algo de lo que he hecho ha servido aunque sea por un día para mejorar la situación?

3) Si no: ¿por qué continúo con la misma estrategia?

4) Si sí: He sido yo quién ha contribuido al cambio o ha sido el otro que tomo la decisión de cambiar juntos?

Estos son las habituales conductas que el partenaire del TLP utiliza:

1) Trata de entender las razones que esgrime el TLP para actuar como lo hace

2) Busca entender las emociones que mueven al TLP como justificante de las consecuencias

3) Suele amenazar con abandonos que no cumple

4) Olvida su propia vida. Organizar la de su pareja es lo prioritario. Si siente que lo logra es casi feliz

5) Piensa que la persona que eligió para formar pareja en su día, es la verdadera y que es capaz de cambiar estas conductas alienadas solo si encuentra la fórmula correcta, porque la verdadera personalidad era la que conoció.

6) Suele ignorar las conductas que siente como inaceptables, basándose en que nunca se hubiera enamorado de alguien así; concluyendo que lo que pasa no debe ser tan grave o no está pasando. Así se convierte en partícipe necesario de la continuidad de la conducta patológica.-

7) Busca cambiar en la dirección que le marca el TLP hasta lograr el equilibrio. Cree que si no lo logra es por un error personal.

Rompe la relación y vuelve cuando el/ella acepta que cambiará. Repite ésta situación por años.-

9) Finaliza no hablando de nada, deja de hacer comentarios y evita que el TLP conozca su verdadera idea sobre la dinámica del problema y sus diarias consecuencias, esconde algunas acciones del día a día a parientes y amigos.-

10) Suele suceder que el partenaire de un TLP sienta que es realmente amado y que el problema es que el otro no es responsable por sus conductas.

En resumen:

La forma más efectiva de ayudar a una persona afectada por un TLP es parar la continuidad del síntoma. Y eso no es posible desde adentro de la relación ( a menos que se trate de un menor). Aun así es posible influenciar la conducta del menor pero casi imposible controlarlo. El trabajo del partenaire de un TLP es conocerse a sí mismo para actuar de acuerdo a los PROPIOS valores y creencias .

Visto desde este aspecto tan desalentador. ¿que es lo que puede llevar a una persona con TLP a buscar ayuda? En general las personas alteran sus conductas cuando asumen que los beneficios de hacerlo superan los obstáculos para el cambio. De cualquier manera el elemento detonante del pedido de ayuda suele variar. Para algunos , la situación de vivir en un torbellino afectivo se transforma en insoportable y supera el miedo al cambio, que es el elemento más importante. Para otros, se trata de asumir el efecto que sus acciones tienen en su hijos o de lo que pierden relacionalmente por sostenerlas.

Por ello, quizás sea más útil actuar como un “espejo” en vez de como una “esponja”. Es decir, con la actuación habitual parecería que se busca cubrir ese sentimiento de vacío que rodea a su pareja, y si no lo logra es el partenaire quien acaba con un sentimiento de culpa. El espejo en cambio, no absorbe la imagen sino que la devuelve: “esto logras con lo que haces, esto te pertenece”.-

Es bueno recordar que : EL VACIO PERTENECE A LA PERSONA QUE SUFRE EL PROBLEMA Y NO AL no-TLP. Sólo la persona con el problema puede solucionarlo.-

Finalmente:

Trate de no quedar atrapado en la red de acusaciones, demandas imposibles y críticas que recibe. En lugar de empaparse de la patología ajena, busque mantener el propio sentido de la realidad sobre lo que el otro dice o hace. Devuelva el reflejo de lo que recibe a su dueño/a. Si es necesario trate de expresar y desarrollar confianza en que la otra persona puede aprender a manejar sus propias acciones y sentimientos y controlar sus impulsos.

En ese contexto su rol es el de SOPORTE, mientras dejamos claro que el afectado por TLP es el único que puede recuperar el locus de control interno sobre afectos y reacciones: “Esto no se hace””esto me daña”, ” con esto pierdo en lugar de ganar”.- Mostrarse en las acciones propias como alguien que tiene una línea límite, que no está dispuesto a a soportar algunas conductas, comunicarlo y mantenerlo es la mejor de las ayudas.-

Es posible que sea necesario tomar medidas para protegerse o proteger a los niños (si los hay), no porque está acusando o catalogando al otro sino porque está valorando sus propios sentimientos y necesidades.-

Estos pasos pueden incluír simplemente decir NO.

Es probable que conocer y actuar según los propios límites ayude a entender que el único que puede cambiar es uno mismo, y eso incluye a ambos miembros de una pareja disfuncional. Una relación es un sistema y una estructura: si uno de los elementos cambia la estructura se modifica.-

Los recursos terapéuticos deben ser solicitados por el que lo considera necesario y administrados por profesionales entrenados. Cuando alguien toma consciencia de estos puntos y deja de sentirse responsable por la conducta del TLP, comienza a sentirse mejor, a mirar más claramente el contexto global, a priorizar y en definitiva recién en ese momento, puede avanzar hacia el equilibrio del problema.-

Bibliografía:

Kreger, Randy: “Walking on eggsshells”

http://rferrari.wordpress.com/2007/12/12/%C2%BFcomo-convivir-con-un-tlp-ii/

Psicópatas de andar por casa

Las personas no especialistas en temas psicológicos relacionamos el término psicópata con los asesinos crueles. Pero en realidad, el término psicópata engloba a muchas personas que no son asesinos. Incluyo aquí unos extractos (traducción libre propia) que me parecen clarificadores:

http://mindexpressions.wordpress.com/narcissism-psychopathy-evil/.

Narcissism, Psychopathy, and Evil. (DELANY DEAN, JD, PhD. crimlawdoc@gmail.com)

La psicopatía suele visionarse como una forma particularmente virulenta del narcisismo en la cual la persona no está especialmente centrada en sí mismo/misma, sino en el control y el poder, incluyendo una gran manipulación de los otros y en algunos casos el sadismo. Una característica prominente de la psicopatía es la elocuencia y el encanto (superficial). Estas personas, al menos en el plazo corto, son capaces de “ganarse” a los demás con mucha facilidad. Suelen definirlos como personas atractivas o interesantes (en la superficie). Los psicópatas, a veces, entran en la criminalidad. Así, los asesinos en serie son psicópatas, y muchos de los estafadores también lo son. Sin embargo, en muchas ocasiones los psicópatas entran en carreras y trabajos legítimos, legales, por ejemplo en la política, en la universidad, en la dirección de empresas. La clave no es la actividad que el psicópata realiza, sino el grado de control que ejerce sobre los otros.

Bajo el encanto superficial, el psicópata/narcisista siempre tiene en mente un “yo primero”. Es posible que trabajando, o tratando, con una persona de este tipo comiences a ver detalles que apuntan a que sólo mira por sí mismo/a y que piensa que todo gira a su alrededor, y es posible que juntando todos esos detalles te quede claro que su comportamiento es un plan para tener el control y poder sobre los otros. Pero no es lo habitual. Sus intereses suelen ir bien tapados bajo una capa de simpatía y preocupación hacia los demás, la cual sólo destapa cuando recibe lo que se conoce como “herida narcisista”.

Una persona realmente narcisista responderá con extremo enfado cuando su EGO recibe un reto. Su EGO es frágil y está terriblemente defendido, por lo cual un pequeño desaire puede ser respondido mediante un terrible estallido de ira, o bien con una fría venganza administrada en forma de actos de represalia. Estas respuestas son inesperadas, desproporcionadas, e incluso provocan miedo, en la persona que, involuntariamente, provocó la herida narcisista. Esta herida puede ser, por ejemplo, hacer algo que modifique los planes que el/la narcisista tenía, mostrar que no se está totalmente de acuerdo en algo que para el narcisista es una idea brillante.

Los psicópatas son escasos. Son personas que presentan lo que se conoce como “narcisismo maligno”, consistente en la capacidad de usar cualquier situación para su propio beneficio, con total desprecio o desatención de las inconveniencias, daños o sufrimiento que ello pueda causar a otros. En los peores casos esto lleva al sadismo. Suele considerarse que a los psicópatas les falta la capacidad de control de los impulsos, aunque lo contrario también puede ser esperado: una gran parte de los psicópatas (la mayoría son hombres) son muy metódicos.

Nature publicó a final de 2007 un artículo divulgativo (NATURE, Vol 450. 13 December 2007. Pag 942-944 ) acerca de un ingeniosos estudio neurocientífico realizado por un grupo de investigación holandés. En este artículo se indica que, aunque hay un mayor número de psicópatas entre los criminales violentos, los psicópatas no tienen necesariamente porqué ser violentos. El término psicópata se aplica a alguien que no posee empatía o consciencia del otro, es encantador en la superficie, manipulador, sin gran capacidad emocional y con pobre control de los impulsos. La psicopatía se identifica con el Test de Hare (PCL-R, Hare Psychopathy Checklist, creada por Robert Hare). El equipo de investigación holandés trabaja con psicópatas encarcelados por delitos graves, presumiblemente debidos a su falta de empatía. Comparan la actividad cerebral entre mentes psicopáticas y no psicopáticas cuando visionan material que comunica emociones y que normalmente provoca respuestas guiadas por la empatía. Observando las áreas cerebrales donde se reduce la actividad en las mentes psicopáticas frente a la mostrada por las mentes no psicopáticas, se intenta conocer cuáles son los circuitos cerebrales relacionados con la empatía.

Pero de este interesante artículo, cabe destacar un clarificador párrafo en el cual se incluye la opinión de uno de los presos participantes acerca de su diagnóstico como psicópata. Básicamente respondió lo siguiente: “Cuando entré en la cárcel, hace 5 años,  el término que estaba de moda era “trastorno límite de la personalidad” (también conocido como trastorno borderline), y esa es la caja donde me metieron. Más tarde me diagnosticaron como psicópata. Esta etiqueta es más dañina, ya que todo el mundo piensa en asesinos en serie cuando oye este término, y yo jamás seré uno de ellos. Pero por otra parte, mi elevada puntuación en el test de Hare indica mi gran talento. Para mí eso no es una enfermedad o un defecto, sino que indica mi gran talento, que yo soy capaz de tomar buenas y fuertes decisiones. Está bien distanciarse de la gente”.

Hay investigadores que consideran que la psicopatía podría haber sido una ventaja evolutiva (Ian Pitchford, The Human Nature Review. Volume 1. pp 28-36. 5 November 2001. http://human-nature.com/nibbs/01/psychopathy.html). En círculos legales y psicológicos, incluso se discute los últimos años si es justo denominar a alguien con la estigmatizadora etiqueta de “psicópata”. También, hay quien cree que “psicópata” es sólo un término moderno para definir algo que, en otros tiempos, se denominaba demonio”.

En general, hay mucha gente con características psicopáticas en puesto de trabajo involucrados con toma de decisiones, tales como los negocios, la universidad, la política, las leyes, sacerdotes que han escaldo muy alto en la jerarquía eclesiástica, etc. Some of them manage to get ordained, and they can rise high in the church hierarchy. Se las arreglan muy bien porque son maestros en la manipulación de las personas y los sistemas para el propio beneficio, mientras que muestran un comportamiento bueno y preocupado por los otros. Una frase, ya antigua, empleada para describir las características emocionales e interpersonales de los psicópatas es que tienen una “máscara de cordura”, lo que significa que son capaces de estudiar y reproducir (con mayor o menor éxito) las respuestas emocionales humanas, aunque en realidad no las sienten en absoluto.

¿Seríais capaces de recordar haber tratado con alguien así en vuestra vida (no un criminal, sino una persona exitosa o normal)?. La mayoría de las personas contestaríamos afirmativamente.

Es lógico pensar que cuanto mayor sea el poder en un puesto o cargo dado, mayor será la probabilidad de que quien lo ocupe sea un psicópata. Es decir, acorde a este razonamiento, habría un elevado número de psicópatas en los puestos de decisión y poder. Además, también es lógico pensar que cuanto mayor sea el poder en un puesto dado, generalmente mayor será la capacidad manipuladora y de emulación del psicópata que lo alcance. Es una cuestión de competencia para alcanzar ese puesto.

Mi visión personal de cómo “escala” la gente en el escalafón de poder de una organización la verdad es que está de acuerdo con este razonamiento. Pocas veces llegan arriba las personas por su capacidad o méritos profesionales. Generalmente se llega arriba por otros factores, lo cual no está reñido con tener gran capacidad o méritos profesionales. Pero no suelen ser éstos los que hacen que las personas alcancen el poder. Cuanto mayor sea la capacidad de manipulación, mayor será la probabilidad de llegar arriba. Cuando leo frases como “En círculos legales y psicológicos, incluso se discute los últimos años si es justo denominar a alguien con la estigmatizadora etiqueta de psicópata”, no puedo evitar un escalofrío. Da la impresión de que los psicópatas han logrado copar todos los altos puestos de poder, tanto del explícito como del subyacente. No quieren ser etiquetados con lo que les identifica porque va contra sus intereses, así que pervierten lo que haga falta para no estropear sus planes.

De la cordura a la locura (basado en http://psicopatia-narcisismo.blogspot.com/2011/01/abuso-emocional-de-la-cordura-la-locura.html):

En algunas ocasiones es muy difícil demarcar un límite claro entre la locura y la cordura, e incluso la maldad. Esto se debe a que ese límite no es precisamente claro en la vida real, sino más bien “borroso”.

Jueces, abogados, psiquiátras, terapeutas, y profesionales de la salud mental y del campo legal, suelen sostener que si una persona es razonablemente consciente de sus acciones en su actividad cotidiana, y puede discernir entre el bien y el mal, se la considera una persona mentalmente sana (no enferma), por lo cual un comportamiento que cause daños se identificará con problemas de carácter moral, y la persona será imputable ante la ley. Por el contrario, una persona que causa daño, pero no es capaz de controlar sus acciones en la vida diaria, ni tiene claro la diferencia entre lo que es bueno y lo que es malo, es una persona que presenta trastornos psicológicos y/o físicos (de tipo neurológico, por ejemplo) y, por ende, no puede ser sentenciada a prisión, sino que debe ser remitida a un hospital de salud mental.

Pero, la cosa no está tan clara ni es tan sencilla cuando abogados, jueces, psiquiatras y psicólogos, o cualquiera de nosotros, debe relacionarse con un psicópata.

El término psicópata se ha usado coloquial y familiarmente para referirse a asesinos, especialmente a los asesinos en serie. Pero es erróneo limitar su uso a esta acepción. En realidad, el psicópata es una persona que sufre un trastorno de personalidad, pero no padece insania al punto de no ser consciente de sus acciones dañinas. No necesariamente deben ser asesinos.

La Asociación Psiquiátrica Americana define la personalidad psicopática como “una persona cuya conducta es predominantemente amoral y antisocial, que se caracteriza por sus acciones impulsivas e irresponsables, encaminadas a satisfacer sus intereses inmediatos y narcisistas, sin importar las consecuencias sociales, sin demostrar culpa, y en algunos casos sin mostrar ansiedad”.

Para comprender esto mejor podemos decir que el psicópata tiene “algo de loco” y “algo de malo”. Por un lado, la realidad es que no es una persona psicológicamente sana. Pero aparte de esa insanía, tiene componentes de perversión y agresión conscientes muy marcados. El grado de consciencia de los psicópatas, respecto de sus acciones, varía de una personalidad psicopática a otra. Es común que los psicópatas estén convencidos de sus propias mentiras y de su propio código moral (inmoral o amoral). No es raro descubrir, al hablar con un psicópata, que éste crea -sinceramente- que una agresión directa, como un comentario hiriente o punzante, sea algo gracioso o sea sólo un chiste.

El lado insano del psicópata (la locura) queda expuesto, precisamente, por la falta de control total sobre sus impulsos. El psicópata no mide las consecuencias de sus acciones. Cree que el daño que causa es simplemente un “arrebato”, un “ataque de ira” y que todos deben perdonar sus acciones porque estaba enfadado o enfadada. La diferencia entre un psicópata y una persona mentalmente enferma (“un loco”) es que el loco difícilmente puede funcionar en su vida diaria, le resulta muy difícil realizar actividades que requieran un mínimo de organización mental. El psicópata, en cambio, puede realizar muchas tareas con absoluta naturalidad, incluso viviendo sumergido en un mundo inventado la mayor parte del tiempo. Y es que los psicópatas ven “fantasmas” que no existen: Para ellos todo aquél que no esté de acuerdo con su opinión es “el enemigo”, por lo cual realiza ataques dirigidos, intencionales y (muchas veces) planeados contra su “enemigo”. Pero fuera de ello, funciona normalmente en otros ámbitos de su vida. O al menos en apariencia.

La parte perversa del psicópata (la maldad)

Manipulación y trastornos de personalidad

Tomado de www.outofthefog.net

Manipulación  – Manipulación es la práctica de poner “cebos” a las personas para conseguir una reacción o respuesta con el propósito de conseguir un beneficio u objetivo propio oculto.

Las personas con desórdenes de la personalidad a menudo muestran comportamientos  manipuladores y controladores con los que les rodean. Sin embargo, el objetivo de estas personas suele ser desconcido para ellas mismas, y generalmente lo que lo que tratan de conseguir mediante la manipulación y control de sus allegados es calmar su estado interno de ansiedad y disgusto, y no de conseguir un beneficio u objetivo propio. Una pequeña explicación es la siguiente:

Estas personas sienten de manera “amplificada” sus propios sentimientos, mientras que son incapaces de admitir las necesidades de los demás. Ello hace que su mente se vea envuelta en un conflicto ético interno, el cual resuelven manipulando la situación. Esto no excusa el comportamiento manipulador y dañino que ejercen, pero ayuda a entender los “porqués”.

Ejemplos de Manipulación:

  • Comportarse de un modo violento o faltón para provocar una respuesta airada. A esto se le conoce como “poner el anzuelo”. (Baiting en inglés)
  • Presentarse a sí misma como una víctima con el fin de despertar la simpatía de los demás.
  • Sobreactuaciones de provocarse daño a si misma para provocar una sensación de crisis en el observador.
  • Coquetear abiertamiente para provocar celos en la pareja.
  • Alejarse, retirar la palabra o mostrar frialdad para que la otra persona busque la cercanía.
  • Crear cizaña entre otras personas.
  • Sistemáticamente no cumplir lo que se ha prometido.
  • Tener accesos de ira con el fin de que la relación se encuentre en un estado de conflicto.
  • Mostrarse encantador/a y atento/a para persudir a la víctima de que vuelva a tener confianza y regrese a la relación.

¿Como nos sentimos al ser manipulado/as?:

Cuando somos conscientes de que hemos sido manipulados nos “sube” una fuerte sensación de rabia y de ganas de venganza ya que nos sentimos humillados por que nos han controlado sin nuestro consentimiento.

Como actuar frente a la manipulación:

Para evitar la manipulación es importante protegerse emocionalmente de la persona manipuladora, que no sea capaz de ver nuestros propios sentimientos. De este modo no podrá emplearlos para controlarnos.

Lo que NO DEBE hacerse:

  • Cuando te provoquen con un mal tono, un comentario faltón u otro tipo de acción hiriente no respondas de modo airado o “perdiendo los papeles”. Simplemente vete.
  • No te tomes de modo personal el intento de manipulación hacia tí ya que si la persona tiene un trastorno de personalidad estará tan absorta en sus propios sentimientos que los tuyos serán insignificantes para ella.
  • No discutas ni pidas justicia o compasión. Las personas con trastorno de personalidad estarán viendo la situación a través de “una lente” propia y son incapaces ni siquiera de entender la lógica detrás de un argumento.
  • No reacciones de modo vengativo. Esto sólo servirá para hacer la situación peor y lo acabarás lamentando.
  • No te expongas a situaciones en las que puedas ser controlada/o fácilmente.
  • No bajes la guardia cuando la persona manipuladora cambia y comienza a ser amable. Generalmente los comportamientos abusivos son cíclicos.
  • No te aisles. No sufras en silencio. Busca ayuda.

Lo que DEBE hacerse:

  • Abandonar la situación lo más rápido posible, de manera calmada y sin hacer drama, acudiendo a un ambiente en el que se te trate con respeto y equidad.
  • Trabaja en poner límites que te protejan (a tí, a los tuyos y a tu propiedad) de aquellas personas que no tienen la capacidad de controlar su propio comportamiento.  
  • Si la situación lo requiere, expresa de modo asertivo (calmado y claro) qué es lo que te ha resultado ofensivo. Pero sólo debe expresarse un única vez, sin caer en una discusión acerca de ello.  
  • Consigue ayuda o apoyo de alguien que te aprecie y que sea capaz de entender lo que ocurre con los desórdenes de personalidad. Pasa tiempo con personas que te traten con respeto y de modo digno, sin manipulaciones.

La envidia y el odio según la tradición cristiana

Tomo prestado de (http://www.foromoral.com.ar/respuesta.asp?id=266):

LA ENVIDIA COMO RAÍZ DEL ODIO
Juan Cruz Cruz [1]Tomado

La filosofía clásica encontró fenomenológicamente al menos seis características en el «envidioso».

Primero, al «envidioso» le produce pesar o descontento el bienestar y la fortuna de los demás: invidia est tristitia de bono alterius, inquantum aestimatur diminuere gloriam propriam . Por ejemplo, él ve los bienes del otro, pero no las dificultades inherentes a su conducta, ni las privaciones y desventajas que ha tenido que superar para conseguirlos.

Segundo, el envidioso es una persona próxima al provocador: próxima en espacio y en fortuna. Yo no puedo envidiar a un Rockefeller, pero sí a don Próspero, el charcutero de mi barrio, que se está enriqueciendo. Y si a don Próspero se le rompiere una pierna, me consolaré pensando que ahora podría yo andar mejor por la vida. La gran desigualdad provoca admiración, mientras que la desigualdad mínima provoca envidia y ojeriza: invidia non est inter multum inaequales, sed ad illos tantum, quibus potest quis se aequare vel praeferre . El estudiante que se dirige a pie desde su barrio a la Universidad, odia solo un poquito al compañero que va montado en un modesto automóvil; pero el dueño de ese automóvil se muere de envidia cuando es adelantado por un vehículo deslumbrante y de afamada marca. A veces lo envidiado es igual o parecido a lo que el envidioso tiene; pero la imaginación inconsciente lo deforma y lo agranda. Por eso dice el refrán que el envidioso hace de los mosquitos elefantes.

Tercero, lo que al envidioso le molesta no son tanto los valores materiales del otro, sus cosas, cuanto la persona misma poseedora de esos valores. Aunque siente el bien del otro como mal propio, dirige un odio mucho más profundo a la persona que tiene el bien: su mal propiamente dicho es aquella persona colmada de tantos bienes. Y por eso dirige contra el otro una parte de su carga agresiva, queriendo anularlo: no pretende obtener sus bienes, sino destruirlos y, a ser posible, destruirlo a él también. Su envidia es sádica; viene a decir: si yo no puedo tener eso, haré que no lo tengas tú’.

Cuarto, cuanto más favores, atenciones o regalos haga el provocador al fascinador, más fuerte será en éste el deseo de eliminar a aquél, pues la dádiva le recordará siempre que él está en un grado inferior o de carencia. Y aun cuando se lograra una perfecta justicia igualitaria, siempre quedaría la desigualdad de inteligencia y de carácter, la cual sería motivo de envidia.

Quinto, como la mayoría de las veces el fascinador no puede destruir al otro y, además, no puede soportar la idea de que le sobrevivan las personas afortunadas, dirige contra sí mismo la otra parte de ese odio agresivo: no sólo quiere destruir al otro, sino destruirse a sí mismo; es autodestructivo, autodevorador, siendo su lema: «prefiero morirme antes que verte feliz!». El fascinador es también masoquista. De ahí que digamos que alguien se muere de envidia.

Sexto, el fascinador nunca descansa: ni siquiera la expropiación forzosa de la fortuna del otro, en sentido igualitario, logra apagar su envidia. Por eso, si la envidia fuese fiebre, todo el mundo habría muerto, dice el refrán.

RESENTIMIENTO

Tomado prestado de: http://esteban2008.wordpress.com/2008/06/04/diferencias-entre-el-resentimiento-y-el-odio-y-la-envidia/

” …….El filósofo Marañón elabora en pocas páginas introductorias un análisis sobre el resentimiento, al que atribuye uno de los papeles más nocivos de la personalidad humana. Él elabora un interesante perfil del emperador romano Tiberio, sustentado en la teoría de que Tiberio es el modelo por excelencia del hombre resentido.

 Dice Marañón que  cuando la agresión producto de  otros hombres o de la propia vida en lo que llamamos “mala suerte” perdura, “no se diluye, queda  presa en el fondo de la conciencia, acaso inadvertida, allí dentro, incuba y fermenta su acritud, se infiltra en todo nuestros ser y acaba siendo la rectora de nuestra conducta y de nuestras menores reacciones. Ese sentimiento que no se ha eliminado, sino que se ha retenido e incorporado a nuestra alma, es el resentimiento”. Algunas características del resentido según el estudio de Marañón, son las siguientes: el resentido es siempre una persona sin generosidad, sin embargo una persona sin generosidad puede tener capacidad para el perdón, porque el perdón que es virtud y no pasión, puede ser impuesto por un imperativo moral a un alma no generosa. Dice  Marañón, que el que es generoso no suele tener necesidad de perdonar, porque está siempre dispuesto a comprenderlo todo y por tanto inaccesible a la ofensa que supone el perdón. El sentido de la comprensión está asociado a la capacidad de amarlo todo, por lo que el resentido es un ser mal dotado para el amor y por lo tanto un ser de mediocre calidad moral.

 Hay una consideración altamente ilustrativa en el gran escritor y científico español, cuando puntualiza que el resentido no es necesariamente un hombre malo, puede incluso ser un hombre bueno, si le es favorable la vida, pues solamente  ante la contrariedad y la injusticia se hace resentido,  es decir ante los trances en que se purifica el hombre de calidad moral superior. Lo más curioso en el estudio del resentimiento es que el resentido  tiene una memoria contumaz, inaccesible en el tiempo, porque solamente cuando el resentimiento se acumula y daña el alma puede expresarse en un acto criminal, incluso muchas veces  la respuesta agresiva del resentido no llega a ocurrir nunca. Hay una diferencia entre  la maldad de un resentido y de un vulgar malhechor, y es su especificidad, su lenta evolución en la conciencia, su dependencia estrecha del ambiente.   

 El resentido no llega a comprender  que el no alcanzar una categoría superior a la que ha logrado (porque siempre se quiere más en una patología de la codicia) no es culpa de alguien o de la hostilidad de los demás, sino de sus propias limitaciones. Marañón establece las diferencias entre el resentimiento, el odio y la envidia. El odio y la envidia son pecados de proyección estrictamente individual y suponen un enfrentamiento entre el que odia  o envidia y el odiado  o envidiado.

El resentimiento  es una pasión que tiene mucho de impersonal, de social. Quien lo causa puede haber sido no éste o aquel ser humano, sino la vida, la suerte, por ello la reacción del resentido no se dirige tanto contra el que pudo ser injusto o contra el que se aprovechó  de la injusticia, como contra el destino. La envidia o el odio tienen un sitio dentro del alma, y si se extirpan, el alma puede quedar intacta, el odio tiene casi siempre una respuesta rápida ante la ofensa, pero el resentimiento es una pasión de reacciones tardías, de larga incubación entre sus causas y sus consecuencias sociales. El autor de la biografía sobre Tiberio, señala en su estudio sobre el resentimiento, que muchas veces el resentido es un hombre tímido, y que cuando alcanza a ser fuerte, con la fortaleza advenediza que da  el mando social, estalla tardíamente la venganza, añadiendo que por eso son tan temibles los hombres débiles resentidos cuando llegan al poder, en este caso, agrego, a  todo poder, económico, empresarial, profesional, político. Dos ejemplos confirman el aserto, Eva Perón en Argentina, profundamente resentida, cuando ostentó el poder, no pudo resistirse a ejecutar una venganza por una pueril e insignificante burla a que fue sometida por unos amigos que la abandonaron luego de una excursión, en su juventud pobrísima y anónima, disponiendo su arresto por largas semanas, sin explicación justa, sin que el tiempo hubiese podido  aminorar su resentimiento acumulado. El otro caso fue el de Trujillo, profundamente resentido por el desprecio de la aristocracia y la oligarquía que le impidió formalizar su inscripción en el exclusivo Club Unión, cuando era evidente su ascenso político, militar y social, se vengó con creces, humillando a sus directivos, cerrando el Club y poniendo a su servicio como súcubos y cortesanos a gente de “sangre azul”.

 Otro rasgo del resentido es su incapacidad de agradecer así como la facilidad con que transforman el favor que les hacen los demás en combustible de su resentimiento. Cuando se le hace el bien a un resentido, quien lo hace queda inscrito en la lista negra de su incordialidad. Marañón cita una frase de Robespierre, quien fue un resentido mayor y llegó a decir: “Sentí desde muy temprano la penosa esclavitud del agradecimiento”.

 Los resentidos que  rondan la corte del poderoso, se siente atraídos e irritados a la vez, por ello más preocupante que el odio y la envidia, es el resentimiento de muchos colaboradores que viven de su favor, esto explicaría claramente la conjura, la desafección súbita, la emboscada. La sorpresa del Cesar frente a Bruto en las escalinatas del Senado romano, estigmatiza la ingratitud del resentido. El resentimiento es incurable, dice Marañón porque su única medicina es la generosidad. El éxito puede tranquilizar al resentido pero no lo cura jamás, a veces empeora porque al triunfar, entiende su éxito como una consagración solemne de que estaba justificado su resentimiento y esta justificación aumenta la vieja acritud.

La envidia como raiz del odio

http://ojoconsaul.blogspot.com/2008/01/detrs-de-cada-odio-una-envidia.html

El odio y la envidia—observó el antiguo historiador-filósofo griego Plutarco—son pasiones tan similares entre si, que a menudo son confundidas la una con la otra, aunque, como mas tarde afirmara Tomás de Aquino, el mas maligno de los sentimientos no es el odio, sino la envidia que lo alimenta: “envidia est mater odii, primo ad proximum”.

¿Quién no ha sentido alguna vez cierta molestia o desasosiego por el éxito, el confort o la serenidad de otras personas? ¿Quién no ha sentido cierto malestar alguna vez al ver lo que otras personas consiguen, disfrutan, o expresan? Eso es sufrir de envidia, una obsesión que impide sentir alegría y mostrar satisfacción por los éxitos y el bienestar ajenos.

Llevada a su estado patológico, la envidia se convierte en una explosiva mixtura de emociones, catalizada por la concientización de alguna carencia propia, resultado de la comparación desfavorable del propio ser con los demás, sus éxitos, sus reputaciones, sus cualidades, sus posesiones, sus suertes, o sus estilos de vida. La envidia es desdicha y humillación; una furia impotente y tortuosa, que se desliza hacia ninguna parte.

Todos los esfuerzos del envidioso para liberarse de su auto-impuesto purgatorio lo conducen a menudo a atacar a la persona u objeto que percibe como la causa de su frustración. Fue la envidia lo que impulsó a Caín a matar a su hermano; y a la Reina a envenenar a Blancanieves.

“El envidioso no puede emprender o atender sus propios asuntos porque su mirada está puesta en compararse con otro a quien secretamente considera dichoso.”—escribe la licenciada en Psicología Iris Pugliese. “Y como supone que éste está gozando injustamente de una mejor situación, siente que el otro es quien lo priva de lo deseado. En tal circunstancia sufre y odia a la vez al supuesto competidor; pierde su creatividad y su impulso para emprender cambios personales que le posibilitarían el acceso al anhelado éxito o felicidad”.

El resentimiento es una autointoxicación psicológica incesante que brota por la supresión y carencia de los afectos humanos más normales asociados con juicios de valor, alimentando impulsos de odio, de maldad, de envidia y sobre todo, de miedo.

El resentimiento parte de un impulso de venganza. La palabra “re-sentimiento” ya implica re-acción, un impulso reactivo, y como reacción, no tiene criterio propio, en la conciencia prevalece “esto por esto” en un círculo ciego con la más densa insatisfacción, porque no alivia el daño sufrido ni el honor agraviado.

Los hay en todas partes, eso no es lo importante. Lo importante es la proporción, cuantos resentidos en sus fracasos y cuantos tranquilos en sus logros.

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